Pioneros del chocolate suizo en el Siglo XIX

No resulta sorprendente que el chocolate haya sido algo más que una dulce tentación en Suiza durante más de 200 años. Para obtener chocolate suizo hay que mezclar ingredientes selectos. Detrás de su fachada refinada, existe una serie de factores que han contribuido al éxito chocolatero suizo: espíritu inventivo, conciencia de la importancia de la calidad, trabajo duro y un sentido desenfadado del gusto y del disfrute. No obstante, el chocolate no es ni mucho menos originario del corazón de Europa. Y aún menos los granos de cacao. Todo empezó con los aztecas, que ya bebían chocolate caliente allá por el Siglo XIV. Se dice que era amargo, incluso picante. En cualquier caso, eso es lo que pensaba Hernán Cortés. A pesar de ello, trajo el cacao a Europa a través del Atlántico. Transcurría el año 1520 más o menos. Poco después, en la corte real española se perfeccionó el chocolate como bebida. A la bebida se le añadió miel, azúcar, vainilla y canela para hacerla más suave y dulce. El pueblo ni siquiera conocía su nombre.

El chocolate llegó más tarde a las demás cortes europeas. Lo hizo – ¡sí! – gracias al amor. El chocolate pasó a Francia cuando la princesa Ana de España se casó con Luis XIII, el rey de Francia. ¡Hubo una gran fiesta en Versalles! No tardó mucho en hacer acto de presencia en todas las cortes europeas. Cualquiera que se preciase bebía chocolate. Con ello, aparecieron en escena los pioneros del chocolate. ¡Algo más podría hacerse con este preciado bien! ¿Un postre, quizás? El chocolate no existía todavía en forma sólida. Los pioneros del gusto de Italia, Bélgica, Alemania, Holanda y, particularmente, Suiza, experimentaron con él: lo tostaron, lo trituraron, lo mezclaron.

La era de los pioneros

El Siglo XIX fue la era de los pioneros. Se construyeron fábricas, se inventaron el motor de vapor, el ferrocarril, el teléfono... y el chocolate, el chocolate blando que se deshace en la boca que conocemos y amamos hoy en día. Su inventor fue Rodolphe Lindt. Suiza se consolidó como la tierra del chocolate. De hecho, los suizos producen chocolate para el resto del mundo y para ellos mismos: comen más chocolate que ningún otro país.

Pequeña, intransitable, pobre: así era Suiza a comienzos del Siglo XIX. No era una buena base para los experimentadores del chocolate. Esto significa que se necesitaban aún más entusiasmo, abundancia de ideas y espíritu emprendedor. En Suiza no carecían de estas cualidades, por lo que la historia de éxito podía comenzar.

A partir de 1819 empezaron a surgir los nombres que todavía hoy simbolizan la calidad del chocolate suizo. François-Louis Cailler, el fundador de la primera instalación mecanizada para la producción de chocolate, en la que se inventó el chocolate con leche; Philippe Suchard, pastelero, quien además pasó a ser productor de chocolate a partir de 1826; Rudolf Sprüngli-Ammann, quien en 1845 construyó la primera instalación productora de chocolate en la Suiza de habla alemana; Aquilino Mestrani, un chocolatero de Ticino que, en 1852, abrió una planta de producción en Lucerna; y, naturalmente, Rodolphe Lindt.

 

Gracias a su chocolate extra fino en 1879 Rodolphe Lindt sentó las bases para el éxito de Lindt & Sprüngli AG, empresa que fundó veinte años más tarde con Rudolf Sprüngli. A partir de entonces, el chocolate suizo se volvió mundialmente famoso gracias a su calidad sin superior... y al creciente interés por el turismo. Ciudadanos ingleses, alemanes, rusos y americanos viajaron a Suiza. De repente, las montañas estaban muy de moda. Y también los lagos. Por no hablar de la hospitalidad. ¿Y qué se trajeron de vuelta? ¡Chocolate! El chocolate suizo se convirtió en un emblema de calidad. Y todavía sigue siéndolo hoy, especialmente si es de LINDT.

Se han producido muchos cambios desde entonces. Y, sin embargo, el chocolate extrafino de Rodolphe Lindt todavía se fabrica hoy en día a partir de su receta de 1879 y se comercializa en el envoltorio original. Esto es así porque, a pesar de que nos sigue moviendo el espíritu innovador de los pioneros, sabemos que los entendidos de todo el mundo aprecian la calidad tradicional.