Una combinación perfecta. La fundación de Lindt & Sprüngli

Rodolphe Lindt tuvo un gran éxito con su chocolate y obtuvo el reconocimiento de la sociedad aristocrática de Berna. Todos le empezaron a pedir su refinado chocolate, pero la vieja fábrica de Rodolphe en la ribera del Aare era demasiado pequeña y comenzaba a dar muestras de fatiga.

¿Qué hizo Rodolphe?

Por su manera de ser, no le importaban los problemas de su fábrica. Disfrutaba de la vida, salía a cazar, asistía a pases privados, frecuentaba los salones más selectos. Vendía su chocolate fundente a las hijas de los nobles que estudiaban en los internados de Neuenburg y Berna. Sólo iba a la fábrica cuando le apetecía. Y aceptó la oferta del pastelero Jean Tobler de trabajar como viajante para garantizar que Lindt tuviera cada vez más pedidos.

Gracias, pero mejor en otra ocasión

Al mismo tiempo, todo el mundo estaba intentando desentrañar su secreto. Empezaron a lloverle ofertas pero afortunadamente los intentos no prosperaron. La receta secreta fue valorada en tres millones de marcos por una empresa alemana, algo nunca visto. Aun así, Rodolphe rechazó la oferta de transferirla.

Previsión

A mediados de la década de los noventa, su pequeña fábrica necesitaba una reforma urgente. Además, había que encontrar la manera de reducir la pila de pedidos. En ese momento, Rodolphe empezó a mostrar las primeras señales de preocupación. Todo esto fue lo que le motivó a reunirse con un hombre que había viajado desde Zurich con la intención expresa de verle.

Buenos contactos

Corría la primavera de 1898. Habían transcurrido casi veinte años desde la invención de Rodolphe Lindt. Fue en Olten, a mitad de camino de Zurich, donde Rodolphe se encontró con este hombre, que también era famoso por su propio chocolate, pero mucho más por su espíritu emprendedor. Este hombre sabía que Rodolphe Lindt tendría que ser capaz de seguir innovando y, lo que era igual de importante, tener poder de decisión sobre lo que le sucediese a su chocolate fundente.

Una oferta

De ahí que esta persona le propusiera a Lindt comprarle la marca. Y, además, su genial secreto del conchage. Todo a cambio de una buena suma, naturalmente. Por supuesto, Rodolphe seguiría participando en la toma de decisiones, y no tendría ninguna obligación. Y, además, los empleados de la Fábrica Lindt de Berna mantendrían sus puestos de trabajo.

Si, por favor

Lo demás es historia. Hoy diríamos que fue la clásica situación que resultó ser provechosa para ambas partes. Después de todo, cada uno de ellos consiguió exactamente lo que quería obtener del otro: por un lado, el fabricante y rico empresario de Zurich obtuvo la receta secreta; por el otro, el creador del chocolate extra fino y dueño de la receta secreta de Berna pudo mantener su poder en la toma de decisiones. Aunque todavía no lo sabían a ciencia cierta tenían un presentimiento: estaban a punto de protagonizar una historia de éxito sin precedentes.

Una nueva era

Cuando Rodolphe les reveló el secreto a los Sprüngli –padre e hijo–, éstos quedaron realmente asombrados y juraron no desvelarlo nunca. Guardaron la receta secreta en una caja fuerte, donde sigue estando a día de hoy. Poco tiempo después, comenzó la producción de chocolate en una moderna fábrica de Kilchberg, una localidad cercana a Zurich. Por supuesto, el paso estaba prohibido para cualquier persona no autorizada.